Arquitectura de la innovación

Foto de Dani Vázquez vía Flickr


A pie de obra, la carga laboral abruma. Si no perteneces al mundo educativo, quizá no sepas que todo está cambiando (...) De ahí que si te encuentras a uno de esos albañiles de la tiza y le preguntas «qué estás haciendo», es posible que su respuesta sea: «¡Aquí sudando! No paro de mezclar cemento y pegar ladrillos, y esto no acaba nunca. Además no me quito de encima al capataz». Entiéndelo, puede que tú contestaras lo mismo en su situación. Pero cuando llega a casa, ese incansable obrero toma conciencia de la verdadera dimensión que tienen sus pequeñas acciones del día a día, y puede decirse a sí mismo: «Estoy haciendo una catedral», porque esa es la verdadera magnitud de la innovación. Pedagogía vía Twitter

En cierto sentido, la educación y las grandes obras arquitectónicas se parecen. Como refleja la cita, ambas reportan grandes logros gracias a multitud de pequeñas acciones. Pero hay más. Si te fijas, ambas se componen de una parte TÉCNICA y otra más, digamos, OPINABLE. Profundicemos sobre ellas...

El arte

¿Te gusta el museo Guggenheim de Bilbao? Tu respuesta dependerá de cánones estéticos muy personales. Muchos consideran que Frank Gehry diseñó una verdadera obra de arte, aunque también están los que piensan que no es para tanto. Son posturas igualmente respetables. Volviendo al mundo educativo, podríamos preguntarnos qué tipo de persona debe educar la escuela. También es opinable.

Para que un proceso de innovación pedagógica tenga éxito, es vital concretar su parte opinable. Tomando como referente el contexto escolar, podría ayudar DEFINIR EL PERFIL DE SALIDA DEL ALUMNADO (PSA), es decir, consensuar qué competencias, valores, hábitos... debería tener el alumnado que se gradúa en el centro. El PSA puede ser un buen eje de innovación, al poner al Claustro en la tesitura de dar respuesta a preguntas del tipo: ¿Qué tenemos que hacer/cambiar en clase para lograr el PSA?

La técnica

Una vez acordada la parte opinable, debemos admitir que hay un conocimiento técnico que no es opinable. En el caso del Guggenheim es el que permite que no se caiga. Nadie discute sobre esos principios básicos de la Arquitectura, como tampoco deberíamos cuestionar, por ejemplo, que el aprendizaje significativo es beneficioso. En Pedagogía hay muchas teorías demostradas.

Hearsey y Blanchard también demostraron que para que una innovación se implante en un centro se ha de seguir una METODOLOGÍA INSTITUCIONAL, con una secuencia parecida a esta:

  1. Adquisición de conocimientos. El primer paso es la formación teórica de todos los agentes de cambio.
  2. Desarrollo de habilidades. A partir de una base epistemológica compartida, se desarrollan estrategias de intervención. Cada cual creará las suyas, en función de sus necesidades y recursos personales, pero estarán vinculadas por un propósito común (el PSA).
  3. Empoderamiento individual. Las experiencias propias de éxito contribuirán al desarrollo de aptitudes promotoras del cambio. Alcanzar esta etapa equivale a lograr que las personas implicadas crean en la innovación y asuman la iniciativa para alcanzarla.

Estas fases conducen al EMPODERAMIENTO CORPORATIVO (=un equipo coordinado y decidido a mejorar). Lograrlo evitará el "efecto isla" propio de los procesos de innovación pedagógica.

He visto muchos docentes innovadores, y pocos colegios e institutos que lo sean. Estos buenos profesionales vuelcan su trabajo en su aula, pero las resistencias a las que se tendrían que enfrentar si decidieran extender sus métodos al resto del Claustro, les mantienen encerrados en su clase... Innovan en su isla.

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