Los guardaespaldas

Foto de Astro Naut vía Flickr

Recientemente un profesor de Secundaria le preguntó a un colega de Primaria si su clase era problemática. La respuesta del maestro refleja bien el cambio que han sufrido las relaciones familia-escuela: «En Primaria los problemas no los dan los niños, como sucede en Secundaria. En primaria los problemas los dan los padres».

El periodista David Sedaris relata en su bestseller, Let´s explore diabetes with owls, una vivencia que no le resultará ajena a los que trabajan a pie de aula. Es el caso de un adolescente que estaba grafiteando un buzón en el exterior del supermercado en el que sus padres compraban. Cuenta Sedaris que un vecino puso su mano en el hombro del chico y le llamó la atención. En ese momento, los padres de la criatura salían con sus bolsas. Rápidamente se encararon con el hombre, que les explicó el motivo de su recriminación. No atendieron a razón alguna: «¿Quién se ha creído usted que es para tocar a mi hijo?», espetaba mamá al tiempo que papá desenfundaba su móvil para llamar a la policía.

En España ya conocíamos a los «padres helicóptero», que revolotean constantemente sobre los asuntos de sus hijos. También habíamos visto «padres apisonadora», especializados en allanar el camino que pisa su progenie. Sin embargo, la hiperprotección no era un fenómeno habitual en nuestras escuelas. Vive su apogeo en Estados Unidos, donde es normal que los «PADRES GUARDAESPALDAS» salten a la yugular de cualquiera que ose criticar o reprender a sus protegidos.

En muchos casos, estas actitudes están cargadas de buenas intenciones (darte lo que yo no tuve, demostrar que siempre estaré de tu lado, evitarte mi calvario…). A pesar de ello son nocivas para la educación. Ya decía Einstein que el aprendizaje es experiencia y todo lo demás es solo información. Pero lo peor no es lo que se deja de aprender cuando la vida transcurre entre algodones, sino lo que se enseña a través de un ejemplo directo de arbitrariedad y desmesura de un referente educativo tan poderoso como son los padres.

No es de extrañar que detrás de ese adolescente problemático de Secundaria haya una pareja de guardaespaldas, que ahora ve cómo el que fuera su protegido se ha convertido en su tirano.

1 comentario

  1. Gran artículo, enhorabuena. Evidentemente, el abandono de las funciones familiares (dejar la educación en manos de personas que no imponen autoridad), la sobreprotección (ante la primera señal de malestar retirar al niño de cualquier situación que le genere frustración), hábitos familiares determinados por la escasez de tiempo (dejarlos desarrollarse conforme a sus inclinaciones naturales), ausencia de autoridad (no se les exige el cumplimiento de responsabilidades ni se les llama la atención en caso de desobediencia), permisividad (permanecer callado antes que discutir con los hijos, por lo que toleran que les griten o les agredan, incluso en presencia de otras personas) y sobre todo, falta de elementos afectivos, como la calidez en la relación con los hijos provocan este tipo de realidades. Afortunadamente ya sabemos cómo combatirlo: incluyendo la Educación en Valores y Escuelas de Padres efectivas en las aulas. Los padres no nacen sabiendo y la comunidad educativa debe estar preparada para dar respuestas. Un saludo. Rebeca Palacios.

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