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Desgranando el ABP

Foto de Brad Flickinger vía Flickr

Para todos los que estamos convencidos que APRENDER es mucho más que sentarse a escuchar, la propuesta metodológica que se engloba bajo las siglas ABP (Aprendizaje Basado en Proyectos) se convierte en imprescindible. En un post anterior analizamos su fundamento pedagógico, pero ¿cómo se pone en práctica? Estas son las fases y sus principales acciones.

FASE DE IDENTIFICACIÓN
Las primeras tareas en un proceso de ABP están dirigidas a ubicar el centro de interés y la finalidad en torno a él. Esto implica delimitar un tema y unos objetivos para el proyecto.

  • Pregunta guía. Es una cuestión abierta y conectada con el contexto. A partir de ella y buscando una respuesta, se creará todo un proyecto. 
  • Situación de partida. Consiste en contextualizar la pregunta, a partir del estudio de la realidad en la que se formula. 
  • Definición del producto. Se trata de establecer a qué queremos llegar. En función de la especificidad de las indicaciones, el proyecto podrá ser más o menos creativo. 

FASE DE DISEÑO E INVESTIGACIÓN 
Una vez definido el producto, se diseñarán las acciones necesarias para crearlo. 

  • Previsión. Requiere una anticipación reflexiva de lo que se pretende lograr para definir acciones y recursos necesarios. Es importante ajustar la previsión a las posibilidades reales con las que cuenta el equipo. 
  • Organización y planificación. Implica determinar cuándo se realizará cada acción y quién (o quiénes) serán los responsables. 
  • Búsqueda de los conocimientos necesarios, de las experiencias para llevarlos a la práctica, de las personas de las que se puede aprender y, en general, de los recursos que harán posible el producto.
  • Análisis y síntesis. Es una puesta en común. Cada persona compartirá con el equipo el resultado de su búsqueda con el fin de que se analice todo desde una perspectiva global que permita tomar la decisiones adecuadas para iniciar la producción.

FASE DE PRODUCCIÓN 
Cuando se ha adquirido el conocimiento y los recursos necesarios comienza la creación del producto. 


  • Elaboración. Es la construcción del producto. Puede hacerse por partes (para después unirlas), aunque guarda más coherencia un producto desarrollado por todo el equipo trabajando al unísono. 
  • Ensayo. Las pruebas experimentales reportan datos muy valiosos para reajustar el proyecto. Además se incrementará la confianza del equipo de cara a la presentación de su producto. 
  • Autoevaluación. El ensayo será una inmejorable fuente de datos para evaluar el producto. Sin embargo, se trata también de revisar todo el proceso, lo que requerirá una tarea reflexiva personal y en equipo. 
  • Presentación. Es el momento final, en el que se muestra el producto creado.


¡Yo quiero bailar!

Foto de Peter Voerman vía Flickr

Gillian Lynne tiene una historia vital fascinante. Con solo ocho años sufrió un auténtico calvario en la escuela. Aquello no se le daba bien: siempre dispersa, con poca paciencia para escribir y dificultades para permanecer sentada. Defenestrada para los estudios por su profesora, la llevaron a un psiquiatra en busca de respuestas. Allí estaba Gillian, rellenando test en una sala con un falso espejo desde el que la observaban. De repente se levantó y empezó a bailar al son del hilo musical. Sus movimientos eran tan elegantes, tan acompasados, tan naturales… «No está enferma, es bailarina», fue el acertado diagnóstico que recibió. Tratamiento: «Matricúlenla en una escuela de danza». Ahora Gillian es nonagenaria, pero aún recuerda el momento en el que pisó por primera vez la que sería su academia: «Encontré a personas como yo, que necesitaban bailar para ser felices. Aquel era mi lugar en el mundo».

La señora Lynne tuvo la suerte de encontrar pronto su pasión y dedicó su vida a desarrollarla. Nada habría sido igual lejos de los escenarios. Que se lo digan al mendigo del cuento, que estuvo toda su vida pidiendo limosna a las personas que pasaban por su lado. Cierto día, cuando ya era anciano, alguien le preguntó: «¿Qué es eso sobre lo que estás sentado?». El mendigó contestó que no lo sabía y aceptó la propuesta de abrir el gran cofre que llevaba años sirviéndole de asiento. Oro, joyas, esmeraldas… un tesoro. ¡Había sido rico toda su vida sin saberlo!

La infancia es el momento adecuado para descubrir ese tesoro que cada uno lleva dentro. Gillian Lynne llegó a ser solista del Royal Ballet Company de Londres y actuó por todo el mundo. Después formó su propia compañía de teatro en Broadway, donde creó algunos de los musicales más célebres de todos los tiempos, como Cats o El fantasma de la ópera. Hizo disfrutar a millones de personas y desarrolló una gran carrera profesional, pero confiesa algo que estuvo por encima de todo aquello: «Disfruté con ilusión, me enamoré de ese maravilloso mundo… soy feliz con la danza». Un éxito en todos los sentidos, y no gracias a la escuela precisamente.

¿Cuántos TALENTOS como el de Gillian siguen pasando DESAPERCIBIDOS en las aulas?

Deberes los justos

Foto de Woodleywonderworks vía Flickr

Eva Bailén está al frente de una campaña que denuncia las condiciones de trabajo de un colectivo muy amplio. A través de un vídeo titulado «El trabajo más esclavo» presenta un interesante experimento social, en el que unos desconocidos comparan sus contextos laborales mediante una conversación de chat. Después tendrán que averiguar a qué se dedican. La sorpresa de los participantes es mayúscula cuando descubren que su interlocutor solo tiene diez años. Un estudiante de Primaria les ha relatado, entre otras cosas, que su trabajo se alarga hasta la hora de cenar, que apenas tiene tiempo para estar con su familia y que no se libra de sus obligaciones académicas ni en vacaciones.

Imagina que tienes una de esas jornadas interminables. Mucho te tendría que gustar el trabajo para no plantearte un cambio o incluso dejarlo, ¿no pensarán así nuestros niños? Quizá por ello la tasa española de abandono escolar sea la más alta de Europa. No es una conjetura. El investigador John Buell comprobó que una de las principales razones para dejar los estudios en zonas deprimidas es precisamente tantas «horas extras» en jornada de tarde. La situación empeora cuando la familia no puede ayudar, ya que es más probable que surjan carencias en el aprendizaje, que actuarán como una velada invitación a salir del sistema educativo por la puerta de atrás.

También se ha analizado el impacto que tiene sobre el rendimiento la prolongación del trabajo escolar en casa. El profesor Ángel Santamaría, después de revisar la literatura científica, concluye que «nadie jamás ha demostrado la utilidad de los deberes». Khon va más allá, en su libro El mito de los deberes explica por qué los considera perjudiciales.

Los alumnos españoles son de los que más tiempo dedican en casa a tareas escolares, y no hay un argumento pedagógico que recomiende tantos deberes, más bien al contrario. Pueden tener su razón de ser como un proceso creativo, aplicado y conciso; enfocado a reforzar (y no a repetir) lo aprendido. Una actividad compatible con el ocio y las relaciones familiares. Si estás de acuerdo, puedes apoyar con tu firma la campaña por los deberes justos iniciada en internet: www.change.org/losdeberesjustos